Hace algunos años tuve la oportunidad de dar clases de dibujo a un grupo de adultos mayores. Recuerdo especialmente aquel grupo porque, con el tiempo, se creó una muy buena química entre nosotros. Las clases no eran solamente un espacio para aprender a dibujar. También eran momentos para conversar, compartir experiencias, hacer bromas, ayudarnos unos a otros y, sobre todo, pasar un buen rato. Pero había algo más que me llamaba la atención. Durante las clases, aquellas personas podían pasar bastante tiempo completamente concentradas en una actividad.
- Observar
- Comparar
- Pensar
- Corregir
- Volver a observar
- Intentar nuevamente
Un ejercicio aparentemente sencillo podía convertirse en todo un desafío.
“¿Esta línea está realmente inclinada así?”
“¿Qué tan grande debe ser esta parte?”
“¿Dónde comienza la sombra?”
“¿Este tono es más cálido o más frío?”
“¿La distancia entre estos elementos es realmente la misma que estoy viendo?”
Y entonces comprendí que aprender a dibujar no solamente ejercitaba la mano.
También obligaba a pensar.
Con el paso del tiempo he pensado muchas veces en aquellas clases y en los posibles beneficios que puede tener el arte para las personas mayores. Actualmente existe una cantidad considerable de investigación sobre la relación entre las artes y el bienestar durante el envejecimiento. La Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, realizó una revisión de más de 3,000 estudios sobre arte y salud y encontró evidencia de beneficios de las actividades artísticas en diferentes etapas de la vida, incluyendo aspectos relacionados con el bienestar, la salud mental, la interacción social y la calidad de vida.
Pero ¿qué ocurre específicamente con el dibujo y la pintura?
Dibujar no es solamente mover un lápiz
Cuando alguien observa a una persona dibujando puede parecer que solamente está utilizando la mano. En realidad, ocurre mucho más, primero debemos observar, después interpretar lo que estamos viendo.
- Comparar tamaños.
- Establecer relaciones espaciales.
- Recordar información visual.
- Tomar decisiones.
- Coordinar los movimientos de la mano.
- Evaluar el resultado.
- Detectar errores.
- Y volver a intentarlo.
Un dibujo aparentemente sencillo puede involucrar simultáneamente percepción visual, atención, memoria, coordinación motora y capacidad de decisión. Por eso, cuando enseñaba dibujo a mis alumnos mayores, muchas veces no les decía simplemente “dibujen esto”.
Les hacía preguntas.
¿Dónde está exactamente esta línea?
¿Es más larga o más corta que aquella?
¿Está realmente en esa posición?
¿Qué ocurre con la sombra?
¿Dónde termina una forma y comienza otra?
Sin darse cuenta, estaban haciendo algo que considero fundamental para aprender a dibujar:
estaban aprendiendo a observar profundamente.
Aprender a observar cambia la manera de mirar
Una de las cosas más interesantes del dibujo es que nos obliga a mirar de una manera diferente. Cuando vemos una silla normalmente pensamos: “Es una silla.”
Cuando intentamos dibujarla, esa respuesta ya no es suficiente. Tenemos que preguntarnos: ¿Cuál es el ángulo? ¿Qué proporción existe entre las patas y el respaldo? ¿Cómo se comportan las líneas? ¿Dónde está la luz? ¿Qué parte queda en sombra? ¿Qué distancia existe entre una pieza y otra?
El objeto deja de ser simplemente “una silla”. Se convierte en un conjunto de relaciones visuales. Eso exige atención. Y la atención sostenida es precisamente una de las capacidades que ponemos constantemente en juego cuando dibujamos. No significa que dibujar sea una garantía para prevenir el deterioro cognitivo. Esa afirmación sería demasiado fuerte.
Pero sí existe evidencia que relaciona la participación activa en actividades artísticas con determinados indicadores de bienestar y funcionamiento cognitivo en personas mayores. Una revisión sistemática publicada en 2023, que incluyó 10 estudios y 7,874 participantes, encontró que la participación activa o receptiva en actividades artísticas estaba asociada con menor deterioro cognitivo y mejoras en bienestar y calidad de vida en poblaciones mayores sanas, aunque los autores señalaron que la evidencia sobre los efectos protectores a largo plazo de la participación artística activa todavía es limitada.
El cerebro también necesita actividad
A medida que envejecemos, mantenernos activos no significa únicamente caminar, hacer ejercicio o cuidar nuestra alimentación. También necesitamos mantenernos intelectualmente activos. Aprender algo nuevo puede exigirnos abandonar temporalmente aquello que ya sabemos hacer y enfrentarnos a problemas que todavía no dominamos. Eso sucede constantemente cuando aprendemos a dibujar. Al principio quizá no sabemos representar correctamente una proporción. Después aprendemos. Más adelante intentamos comprender la perspectiva. Luego la luz y la sombra. Después el color. Cada nuevo conocimiento abre un problema diferente. Y esto es precisamente lo interesante.
El dibujo nunca termina de resolverse por completo.
Incluso un artista experimentado continúa encontrando dificultades. Siempre existe algo que observar mejor. Algo que comprender. Algo que corregir. Algo nuevo que intentar. Por eso considero que el dibujo puede ser una actividad particularmente interesante para las personas mayores: no requiere que uno llegue a una meta definitiva. Siempre podemos seguir aprendiendo.
Lo que dice la investigación sobre el dibujo y la cognición
En 2025 se publicó una revisión sistemática con metaanálisis en red que comparó diferentes intervenciones artísticas destinadas a personas mayores. El análisis incluyó 38 estudios y 2,869 participantes.
Los investigadores encontraron mejoras significativas en las puntuaciones del Mini-Mental State Examination (MMSE) con diferentes modalidades, entre ellas la terapia de dibujo y las artes creativas. Para la escala MoCA, también se observaron beneficios con determinadas intervenciones de artes visuales y artes creativas.
De manera particularmente interesante para este artículo, el análisis en red situó a la terapia de dibujo como la modalidad con mayor probabilidad de ocupar el primer lugar para mejorar las puntuaciones del MMSE dentro de las intervenciones comparadas, aunque esto no significa que el dibujo sea “la mejor terapia” en términos generales ni que pueda considerarse un tratamiento universal para el deterioro cognitivo.
Este tipo de resultado resulta interesante porque coincide parcialmente con algo que yo observaba en mis clases. Los alumnos no estaban simplemente reproduciendo una imagen. Estaban resolviendo pequeños problemas continuamente.
Dibujar obliga a utilizar la memoria
Cuando intentamos dibujar algo sin copiarlo directamente de una referencia, tenemos que recordar características visuales. Incluso cuando utilizamos una fotografía, debemos conservar cierta información mientras trabajamos.
- Observamos.
- Apartamos la mirada.
- Dibujamos.
- Volvemos a mirar.
- Comparamos.
- Corregimos.
La memoria visual participa constantemente. Y cuando aprendemos una técnica nueva, además, debemos recordar procedimientos.
¿Cómo se construye esta forma?
¿Cómo se representa aquella sombra?
¿Qué ocurre si la luz viene desde determinado ángulo?
¿Cómo puedo conseguir determinado efecto?
El dibujo es, en cierta manera, una conversación constante entre memoria y observación.
La coordinación entre los ojos y las manos
También existe un componente físico.
Dibujar requiere coordinar lo que vemos con lo que hacemos.
El ojo proporciona información.
El cerebro interpreta.
La mano ejecuta.
Después volvemos a observar el resultado y corregimos.
Ese ciclo se repite constantemente.
Para una persona que ha dibujado durante muchos años puede parecer automático.
Pero para quien comienza, representa un auténtico ejercicio de coordinación.
Y esto adquiere especial interés durante el envejecimiento, cuando mantener determinadas habilidades motoras y realizar actividades que requieren precisión puede formar parte de una vida activa.
Nuevamente, esto no significa que dibujar por sí solo detenga el deterioro motor.
Significa que es una actividad que integra movimiento, percepción y atención de una manera muy particular.
Pintar agrega otra dimensión
Cuando pasamos del dibujo a la pintura aparece una nueva serie de decisiones.
Ya no solamente tenemos que observar formas.
Tenemos que observar colores.
Valor.
Saturación.
Temperatura.
Relaciones entre diferentes superficies.
Cantidad de pintura.
Presión del pincel.
Transparencia.
Opacidad.
Y nuevamente aparece algo que me parece maravilloso:
no existe una única manera de resolver una pintura.
Dos personas pueden observar la misma referencia y producir resultados completamente diferentes.
Eso significa que la pintura no solamente exige habilidad.
También exige tomar decisiones.
La pintura puede ser un ejercicio de atención
Una pintura puede requerir bastante tiempo.
Y durante ese tiempo el artista necesita permanecer atento a lo que está haciendo.
Puede pasar varios minutos trabajando una pequeña zona.
Después alejarse.
Observar el conjunto.
Regresar.
Modificar.
Comparar.
Esperar.
Continuar.
Esta capacidad de permanecer involucrado en una actividad durante un periodo prolongado puede ser una experiencia muy gratificante.
Y aquí aparece algo que observé claramente en aquel grupo de adultos mayores:
la clase podía hacer que se olvidaran durante un rato de muchas otras preocupaciones.
No porque estuvieran recibiendo una terapia psicológica.
Simplemente estaban ocupados en algo que les interesaba.
Estaban pensando en el dibujo que tenían delante.
El valor de tener algo que esperar
Creo que existe otro beneficio del que se habla menos.
Una actividad artística puede proporcionar estructura.
“Hoy tenemos clase.”
“Hoy voy a terminar esta parte.”
“La próxima semana quiero continuar con mi dibujo.”
Parece algo pequeño, pero tener actividades que esperamos con cierta ilusión puede formar parte de una vida satisfactoria.
El arte puede convertirse en un proyecto.
Y un proyecto nos da una razón para continuar.
No importa necesariamente si la obra termina siendo extraordinaria.
Existe algo muy valioso en el simple hecho de tener algo que hacer, algo que aprender y algo que terminar.
Y también está la parte social
Esta fue quizá una de las cosas más bonitas de mi experiencia.
Aquellas clases eran grupales.
Por lo tanto, el dibujo no ocurría en aislamiento.
Conversábamos.
Nos reíamos.
Comentábamos nuestros trabajos.
Nos ayudábamos.
Comparábamos resultados.
Cada persona tenía una manera diferente de resolver los ejercicios.
Y poco a poco se creó una especie de comunidad.
Esto también es importante porque el arte no tiene por qué ser una actividad solitaria.
Puede ser una razón para salir de casa.
Para encontrarse con otras personas.
Para conversar.
Para aprender juntos.
Para compartir experiencias.
La evidencia científica también apunta hacia esta dimensión social. La revisión de la OMS sobre arte y salud señala que parte de los beneficios asociados a la participación artística pueden producirse mediante la modificación de emociones y cogniciones, pero también mediante la construcción de relaciones sociales.
El arte también puede combatir la monotonía
La rutina puede ser agradable cuando proporciona estabilidad, pero una rutina excesivamente limitada puede hacer que los días terminen pareciéndose demasiado entre sí.
Una actividad artística introduce pequeños desafíos.
Hoy aprenderemos algo nuevo.
Hoy intentaremos otro ejercicio.
Hoy utilizaremos otro material.
Hoy veremos una imagen diferente.
Hoy intentaremos pintar algo que nunca hemos pintado.
No se trata de buscar constantemente emociones intensas.
A veces basta con tener algo diferente que hacer.
Y el arte ofrece una enorme variedad de posibilidades.
¿Puede el arte mejorar el estado de ánimo?
Aquí también existe evidencia interesante.
Un metaanálisis publicado en 2026 reunió 45 ensayos controlados aleatorizados sobre intervenciones artísticas basadas específicamente en pintura.
Los autores encontraron un efecto global significativo sobre las medidas de salud mental y señalaron que, dentro de sus análisis por grupos de edad, los adultos mayores fueron quienes mostraron los mayores beneficios.
Es importante aclarar que este resultado se refiere a las intervenciones de pintura estudiadas y a las medidas de salud mental utilizadas por los investigadores; no significa que pintar sea un tratamiento universal para la depresión o la ansiedad.
Pero sí refuerza una idea que parece bastante razonable:
la pintura puede ser mucho más que una actividad recreativa.
Puede convertirse en una actividad con efectos positivos sobre el bienestar psicológico.
¿Y qué ocurre cuando existen dificultades cognitivas?
Esta es otra área en la que la investigación resulta especialmente interesante. En 2022 se publicó un ensayo clínico aleatorizado con 135 adultos mayores con deterioro cognitivo leve, con una edad media de aproximadamente 71 años. Los participantes fueron divididos en tres grupos y el programa de artes expresivas se realizó una vez por semana durante 24 semanas.
Al finalizar la intervención, el grupo de artes expresivas presentó mejores resultados que el grupo de control activo en función cognitiva global y calidad de vida, además de menores síntomas depresivos. En el seguimiento posterior, algunas de las mejoras cognitivas ya no se mantenían con la misma amplitud, lo que muestra también la importancia de no exagerar la duración de los efectos.
Otro ensayo clínico realizado en adultos mayores con deterioro cognitivo leve encontró resultados favorables de una intervención de expresión creativa sobre diferentes medidas cognitivas y de funcionamiento cotidiano frente al entrenamiento cognitivo convencional. Estos estudios son particularmente interesantes, pero debemos hacer una distinción:
trabajar con personas que presentan deterioro cognitivo no es lo mismo que decir que el arte previene la demencia.
La investigación todavía no permite hacer esa afirmación de manera general.
No hace falta tener talento para beneficiarse del arte
Este punto me parece especialmente importante. Cuando hablamos de dibujo o pintura, algunas personas inmediatamente piensan:
“Yo no sé dibujar.”
“Eso es para artistas.”
“No tengo talento.”
Pero si estamos hablando de los posibles beneficios de una actividad artística, esa preocupación pierde importancia. El objetivo no necesariamente es producir una obra para una galería. El objetivo puede ser aprender, concentrarse, experimentar, compartir, disfrutar.
Y mantenerse intelectualmente activo. Un dibujo imperfecto puede haber requerido exactamente el mismo proceso de atención y esfuerzo que uno técnicamente extraordinario. Por eso, cuando enseñaba a mis alumnos mayores, nunca pensé que todos tuvieran que convertirse en grandes dibujantes.
Lo importante era que disfrutaran el proceso y que cada clase les dejara algo.
Aprender de nuevo puede ser una experiencia extraordinaria
Hay algo particularmente hermoso en aprender una habilidad cuando somos adultos. Durante nuestra juventud aprendemos muchas cosas porque tenemos que hacerlo.
- La escuela.
- El trabajo.
- Las responsabilidades.
- Los exámenes.
- Los compromisos.
Pero llega un momento en la vida en que podemos aprender simplemente porque queremos. Aprender dibujo puede ser precisamente eso. No porque exista una obligación. No porque haya que conseguir un título. No porque sea necesario ganarse la vida con ello. Simplemente porque queremos descubrir qué podemos hacer. Y creo que esa libertad tiene un valor enorme.
Lo que yo aprendí de mis alumnos
Con frecuencia pensamos que cuando somos profesores somos nosotros quienes estamos enseñando. Pero aquella experiencia me enseñó algo diferente. Yo enseñaba dibujo. Ellos me enseñaban otras cosas. Me enseñaron que una clase puede convertirse en un espacio de convivencia. Que el aprendizaje no tiene que desaparecer con la edad. Que una persona puede comenzar una actividad completamente nueva y disfrutar enormemente del proceso. Y que muchas veces el resultado final importa menos que el tiempo que dedicamos a conseguirlo.
Recuerdo especialmente esa sensación de terminar una clase después de haber pasado un par de horas dibujando, conversando y riéndonos. Quizá el beneficio más evidente no estaba en que todos hubieran mejorado técnicamente. Estaba en que habíamos pasado un buen rato juntos haciendo algo que nos mantenía ocupados y mentalmente presentes.
El arte no tiene que curar para tener valor
Al igual que ocurre con los niños y el autismo, creo que debemos tener cuidado cuando hablamos de arte y salud. No necesitamos convertir el dibujo en una medicina para justificar su importancia. El arte puede tener valor por sí mismo.
- Puede proporcionar aprendizaje.
- Puede estimular la atención.
- Puede favorecer la interacción social.
- Puede aportar satisfacción personal.
- Puede ofrecer una actividad significativa.
- Puede ayudar a combatir la monotonía.
Y la investigación actual sugiere que también puede estar asociado con beneficios en diferentes dimensiones del bienestar y, en determinadas intervenciones, con aspectos cognitivos y de salud mental. Pero también debemos reconocer las limitaciones de la evidencia.
Una revisión publicada en 2026 que reunió 18 revisiones sistemáticas sobre artes participativas en adultos mayores sin demencia encontró que, aunque existe un potencial claro para mejorar el bienestar, gran parte de la evidencia disponible presenta calidad baja o críticamente baja y existe mucha heterogeneidad entre los estudios. Los autores señalan que todavía es necesario realizar investigaciones más sólidas para determinar con precisión qué actividades funcionan mejor, para quién y bajo qué condiciones.
Esto no disminuye el valor del arte. Simplemente nos ayuda a hablar de él con mayor honestidad.
Quizá dibujar sea una manera de seguir descubriendo
Envejecer no significa dejar de aprender.
Y quizá esa sea una de las ideas más importantes que me dejó aquella experiencia.
Una persona puede comenzar a dibujar a los 60, 70 u 80 años.
Puede descubrir que tiene paciencia.
Que tiene buen ojo para el color.
Que disfruta el retrato.
Que le gustan los paisajes.
Que tiene una habilidad que nunca había explorado.
Puede incluso descubrir que aquello que comenzó como una actividad para pasar el tiempo termina convirtiéndose en una verdadera pasión.
Y eso me parece maravilloso.
Porque el arte no tiene una edad determinada.
No existe una fecha límite para comenzar.
No necesitamos haber dibujado desde niños.
No necesitamos tener talento extraordinario.
No necesitamos convertirnos en profesionales.
Solamente necesitamos estar dispuestos a mirar, aprender y experimentar.
Dibujar es también aprender a mirar la vida
Después de tantos años dedicados al dibujo y a la pintura, cada vez estoy más convencido de que dibujar no consiste únicamente en aprender a representar correctamente las cosas.
Consiste en aprender a observarlas.
Cuando dibujamos una flor, quizá por primera vez nos damos cuenta de que sus pétalos no son simétricos.
Cuando dibujamos un rostro, descubrimos pequeñas diferencias entre un lado y otro.
Cuando pintamos un paisaje, comenzamos a notar cómo cambia el color con la distancia.
Cuando dibujamos una mano, descubrimos la enorme cantidad de formas y relaciones que normalmente pasamos por alto.
El dibujo nos obliga a detenernos.
Y en una época en la que todo parece suceder demasiado rápido, detenerse a mirar puede ser un acto extraordinariamente valioso.
Quizá por eso recuerdo con tanto cariño aquellas clases.
No solamente porque enseñé dibujo.
Sino porque durante un par de horas, un grupo de personas se reunía alrededor de una mesa, tomaba un lápiz o un pincel y se dedicaba simplemente a mirar, pensar, aprender y compartir.
Y quizá eso sea, al final, uno de los mejores beneficios que puede ofrecernos el arte.
No necesariamente hacernos más jóvenes, ni curarnos de algo, ni convertirnos en grandes artistas.
Simplemente ayudarnos a seguir siendo curiosos.
A seguir aprendiendo.
A seguir creando.
Y, sobre todo, a seguir encontrando motivos para mirar el mundo con atención.
Estudios y fuentes consultadas
1. Fancourt, D. & Finn, S. (2019). What is the evidence on the role of the arts in improving health and well-being? A scoping review. World Health Organization.
Una de las revisiones internacionales más amplias sobre arte y salud. Analizó más de 3,000 estudios y encontró evidencia de beneficios asociados con las artes en salud, bienestar, prevención, tratamiento y participación social.
2. The role of arts engagement in reducing cognitive decline and improving quality of life in healthy older people: a systematic review (2023).
Revisión sistemática de 10 estudios con un total de 7,874 participantes. Encontró asociaciones entre la participación artística y menor deterioro cognitivo, además de mejoras en bienestar y calidad de vida, aunque señaló que la evidencia sobre efectos protectores a largo plazo de la participación artística activa sigue siendo limitada.
3. Yue, W., Chen, Y. & Ma, X. (2025). Effects of different art therapy interventions on cognitive functions in older adults: a systematic review and network meta-analysis. Geriatric Nursing.
Revisión sistemática y metaanálisis en red de 38 estudios y 2,869 participantes. Encontró resultados significativos para diferentes modalidades artísticas y situó la terapia de dibujo con la mayor probabilidad de ocupar el primer lugar para la mejora del MMSE entre las intervenciones comparadas.
4. Lin, R. et al. (2022). Effects of an art-based intervention in older adults with mild cognitive impairment: a randomised controlled trial. Age and Ageing.
Ensayo aleatorizado con 135 adultos mayores con deterioro cognitivo leve. La intervención artística produjo mejoras en función cognitiva global, calidad de vida y síntomas depresivos frente al grupo de control activo después de 24 semanas.
5. Song, X. & Jang, J. (2026). Effects of Painting-Based Art Interventions on Mental Health Outcomes: A Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials. Behavioral Sciences.
Metaanálisis de 45 ensayos controlados aleatorizados sobre intervenciones basadas en pintura. Encontró un efecto global significativo sobre medidas de salud mental y señaló que los adultos mayores mostraron los mayores beneficios en los análisis por grupos de edad.
6. Liu, T. et al. (2026). Impacts of participatory arts-based interventions on well-being of older adults without dementia: an umbrella review and a conceptual artistic participation framework. The Gerontologist.
Revisión de 18 revisiones sistemáticas sobre participación artística en adultos mayores sin demencia. Encontró potencial para mejorar el bienestar, pero también señaló que buena parte de la evidencia disponible tiene calidad baja o críticamente baja y que existe una gran heterogeneidad entre estudios.
7. Zhao, J. et al. (2018). Effects of creative expression therapy for older adults with mild cognitive impairment at risk of Alzheimer's disease: a randomized controlled clinical trial. Clinical Interventions in Aging.
Ensayo aleatorizado con adultos mayores con deterioro cognitivo leve que encontró mejoras en distintas medidas cognitivas y de funcionamiento cotidiano después de una intervención de expresión creativa.